Tengo unos veintitrés años, vivo en la casa paterna en un pueblo cercano
a la capital, acabó de terminar mi preparación académica como auxiliar de
enfermería, por consiguiente estoy empezando mi vida laboral y productiva de
forma independiente, es decir, no estoy dispuesta a trabajar en clínicas u
hospitales sino que quiero ubicarme como cuidadora del paciente en su
casa. Y así es durante todo mi exquisito
ejercicio profesional.
El primer empleo que consigo es en la capital. El paciente es un señor de noventa y dos
años, el patriarca de una importantísima
familia de mucha tradición, prestigio y reconocimiento en todos los
sectores de todo el país. El trabajo es
interna, o sea, que tan solo voy a mi casa el fin de semana cada quince
días. Obviamente, que es la primera vez
que yo salgo de mi casa, me hace mucha falta mi familia, por ende, todo el
tiempo estoy llorando, aunque estoy feliz de mi trabajo y mi paciente me ha
aceptado maravillosamente.
Una de esas noches nos sentamos mi paciente y yo a ver un concurso
internacional de belleza que están pasando en la televisión nacional y
mundial. Don Lisimaco, mi paciente, tiene significativa relación con
el citado concurso y maliciosamente me dice:
·
“Mijita, hay que prender muchas veladoras para que nos vaya muy mal… ”.
Y así se hace y así sucede; toda clase de velas y veladoras encendidas
por toda la casa… velas y veladoras encendidas que resultan ser bastante
eficientes y cien por ciento efectivas. Ese
año a Colombia le fue muy mal en este concurso y Don Lisimaco y su familia eran
los únicos felices por este motivo en todo el país.
Este trabajo lo recuerdo con especial cariño porque es del único empleo
que me han echado, a pesar de mi excelente desempeño profesional y de mi enorme
empatía con mi paciente y con el resto de la familia Zuluaga. Un día que me encuentra llorando, Don
Lisimaco me dice cariñosamente:
·
“Ay Mijita, yo estoy muy contento con usted, pero es mejor que se vaya
para su casa porque sino usted se me va a morir de tristeza…”. .. Y hasta ahí llegué con Don Lisimaco Zuluaga.
Todas las imágenes subidas desde la internet.
II




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