miércoles, 24 de mayo de 2017

CUIDADORA DE PACIENTES I

Tengo unos veintitrés años, vivo en la casa paterna en un pueblo cercano a la capital, acabó de terminar mi preparación académica como auxiliar de enfermería, por consiguiente estoy empezando mi vida laboral y productiva de forma independiente, es decir, no estoy dispuesta a trabajar en clínicas u hospitales sino que quiero ubicarme como cuidadora del paciente en su casa.  Y así es durante todo mi exquisito ejercicio profesional.



El primer empleo que consigo es en la capital.  El paciente es un señor de noventa y dos años, el patriarca de una importantísima  familia de mucha tradición, prestigio y reconocimiento en todos los sectores de todo el país.  El trabajo es interna, o sea, que tan solo voy a mi casa el fin de semana cada quince días.  Obviamente, que es la primera vez que yo salgo de mi casa, me hace mucha falta mi familia, por ende, todo el tiempo estoy llorando, aunque estoy feliz de mi trabajo y mi paciente me ha aceptado maravillosamente.

Una de esas noches nos sentamos mi paciente y yo a ver un concurso internacional de belleza que están pasando en la televisión nacional y mundial.  Don Lisimaco,   mi paciente, tiene significativa relación con el citado concurso y maliciosamente me dice:
·         “Mijita, hay que prender muchas veladoras para que nos vaya muy mal… ”.



Y así se hace y así sucede; toda clase de velas y veladoras encendidas por toda la casa… velas y veladoras encendidas que resultan ser bastante eficientes y cien por ciento efectivas.  Ese año a Colombia le fue muy mal en este concurso y Don Lisimaco y su familia eran los únicos felices por este motivo en todo el país.    

   

Este trabajo lo recuerdo con especial cariño porque es del único empleo que me han echado, a pesar de mi excelente desempeño profesional y de mi enorme empatía con mi paciente y con el resto de la familia Zuluaga.  Un día que me encuentra llorando, Don Lisimaco me dice cariñosamente:

·         “Ay Mijita, yo estoy muy contento con usted, pero es mejor que se vaya para su casa porque sino usted se me va a morir de tristeza…”. ..   Y hasta ahí llegué con Don Lisimaco Zuluaga.


Todas las imágenes subidas desde la internet.



II

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