El tema del matoneo y la discriminación en las escuelas y
colegios sinceramente ya ralla en la más absoluta inocencia y candidez. El padre de familia piensa que peleando con
el colegio y con los otros padres de familia está haciendo la gran defensa de
su hijo; ja ja ja pobrecitos todos. El muchacho
tiene es que aprender a conocerse a sí mismo.
Para poder defenderse tiene que aprender a reconocer y aceptar los
complejos que lo debilitan haciéndolo presa fácil de burlas y sátiras.
A mí me curan del bulling o matoneo desde muy niña y con una
fórmula que no alivia sino que cura para siempre cualquier mal, fórmula que me
dispongo a compartir, aunque tengo claro que todos los cuchos como yo la
conocen perfectamente porque en su tiempo la padecieron aunque hoy en día hagan
alarde de placer con ella, y no por eso salimos a intentar suicidarnos, ni
confundimos la sexualidad, ni nos aislamos del mundo, ni tenemos una tara o un
trauma que nos ocasione alguna frustración.
No tengo bien claro si estoy en segundo o tercero de primaria,
en cualquier caso no tengo más de ocho o nueve años, porque yo estoy en tercero
de primaria a los nueve años y es cuando muere mi mamá y ella es la antagonista
principal en esta novela.
Como digo, debo tener unos ocho o nueve añitos, debo estar
en segundo o tercero de primaria, en un día cualquiera de esta etapa de mi vida
salgo al recreo o descanso cotidiano dentro de la jornada escolar, en medio de
la algarabía derivada de esta circunstancia alcanzo a escuchar que alguien
grita: “Magnolia Correa a que no me da con la correa…”. Al escuchar esta burla yo me giro para saber
quién es que se está burlando de mí y veo a dos compañeras de mi curso que,
obviamente hoy en día no tengo ni el menor recuerdo de quienes son esas
personitas, salen corriendo, huyendo de mí.
Entonces yo me lleno de ira y salgo a correr tras ellas con el único fin
de cascarlas por la gravísima ofensa proferida.
Yo no recuerdo qué pasa con una matera, no sé si ellas tropiezan
con la matera y se caen o soy yo la que tumba la matera, no sé, esto no lo
tengo claro. El hecho es que a mí me
llaman a la dirección para que le lleve una razón a mi mamá. Sin testigos, sin firmas, sin lecturas de
decretos o derechos, solo verbalmente me dicen: “mañana se tiene que presentar
con su mamá, de lo contrario será devuelta…”.
Al llegar a casa al mediodía después de la jornada escolar de este día,
le doy la razón a mi mamá sin mayores detalles, simplemente: “mamá que mañana
usted se tiene que presentar en la dirección porque si no me devuelven”.
Al día siguiente, mi mamá se presenta conmigo ante la
directora a recibir la queja y la sentencia del castigo por mi mal
comportamiento. Esta reunión no dura
mucho rato, mi mamá se va para la casa y yo me quedo en la escuela a cumplir
con la jornada escolar normalmente. Sin embargo,
esto aún no termina, porque el verdadero valor de esta enseñanza está en el
episodio que me espera al llegar a casa al mediodía después de esta jornada
escolar.
Este día, al mediodía después de la jornada escolar llego a
casa, entro y mi mamá me está esperando con la correa en la mano, me da una
paliza, advirtiéndome: “yo no estoy desocupada, no sea pendeja, a mí no me haga
perder el tiempo por sus peloteras. Ah,
y cuentecita con irle a contar a su papá de esta pela, porque le volteo el
mascadero ”. Porque mi papá no admite que nos den garrote
ni él nos da jamás garrote.
Pero aún falta el castigo verdaderamente doloroso del cual
yo no me entero hasta ese momento: “la directora dice que este mes no vas a izar
bandera por indisciplinada”. Yo soy la
mejor del curso.
Esto es muy suficiente para curarme de cualquier matoneo, bulling,
burla, sátira o como se le quiera llamar.
Lejos de intentar suicidarme o cualquier otra locura, aprendo a aceptar
mi apellido, lejos de causarme traumas o frustraciones, entiendo que Correa es
mi apellido para toda la vida. Y realmente durante toda mi vida esta burla de “Magnolia
Correa a que no me da con la correa” se repite y se repite y yo simplemente
convivo con ella y ya.