CUIDADORA DE PACIENTES VI
Una paciente que recuerdo con un infinito cariño es a doña Ligia, a pesar de su agresividad. Ella es una dama de la alta sociedad, fina y muy solidaria y caritativa. Viuda desde muy joven, no tiene hijos; al morir su única hermana con el esposo en un accidente aéreo, mi paciente se dedica a criar a sus tres sobrinos huérfanos, hijos de esta pareja fallecida. Estos sobrinos son quienes se ocupan de doña Ligia en la actualidad; es decir, la casa, los negocios, pues ya ella, en edad muy avanzada, padece el mal de alzhéimer.
Yo trabajo interna en la casa de doña Ligia y me dedico únicamente a cuidarla y atenderla a ella. Para las labores de la casa hay dispuesto otro personal. Pese a que su estado de salud ya está tan deteriorado, tenemos una gran conexión que me da la oportunidad de brindarle a esta noble paciente el apoyo suficiente para sobrellevar sus alteraciones emocionales conservando su dignidad.
Con doña Ligia hay que mantener la puerta de la casa con llave porque sino ella va saliendo a irse disque para su “casa”. Muchas veces nos toca sacarla a media noche en el carro para ubicarla y hacerle creer que llegamos a su casa. Pero después de unos cinco minutos, ya quiere volver a salir y que la lleven otra vez para su casa.
Para poderla bañar tengo que ponerme a regar las matas con una manguera y cuando ella pasa por ahí le echo agua, entonces ella se pone a llorar y toca consentirla cual niño para que se calme.
· ¿Qué le pasa a mi niña? -le digo mimándola…-
· Pues que esa estúpida me está echando agua con esa manguera -me contesta ella, porque ha olvidado que soy yo quien la está bañando. -
· Pues ya que está mojadita -le digo yo-, ¿por qué no nos bañamos? -acepta, pero también yo me tengo que dejar bañar de ella, de lo contrario se enoja y no se deja bañar-.
Y así, jugando, jugando es que puedo hacerla mañana sin tener que forzarla a ello.
Para que no se me salga del cuarto por la noche, me acuesto en un colchón en el suelo, all pie de su cama por si me quedo dormida y ella intenta levantarse, tropiece conmigo y me despierte.
Doña Ligia se orina en la ropa cuando se enoja mucho y es muy agresiva. Un día me agacho a cambiarle los interiores porque se ha orinado, entonces toma un teléfono que encuentra a la mano y me lo descarga con violencia en un hombro. Hay que llevarla a misa todos los días. La misa es a las siete de la mañana, pero ella se levanta desde las cuatro de la madrugada disque porque ya se va para la iglesia que es a media cuadra de la casa. Algunas veces yo me quedo acostada en el colchón mientras ella da vueltas por el cuarto y cuando ya me levanto me doy cuenta que se ha echado esmalte para uñas en los labios porque ella cree que ese es el labial. Me toca ponerme a quitarle eso antes de que se levanta la sobrina, con quien vive.
A doña Ligia toca darle hasta tres desayunos porque cuando se le olvida que ya ha desayunado, empieza a pedir y no hay otra forma de calmarla sino con más desayuno, de lo contrario empieza a gritar que la van a dejar morir de hambre. Hay que estar pendiente de ella porque le da por revolver el café con el huevo y con el jugo. Este show es de todos los días.
Recuerdo que un sábado doña Ligia está muy alterada, la saco a dar una vuelta a la manzana, según mi intención, disque para que se calme. Pero cuando volvemos a la casa se rehúsa a entrar, a juzgar por ella que, porque esa no es su casa, y es la misma casa de toda la vida. Así es que me toca darle como seis vueltas a la manzana ya que está muy resistente.
Otro día que también está muy alterada me la llevo a caminar un trayecto largo con el fin de cansarla y que cuando llegue a la casa se acueste a dormir, pero cuando ya caminamos unas quince cuadras, un kmto. y medio más o menos, procuro hacerla devolver, pero ella no quiere, todo lo contrario, sigue su camino y me hace caminar unos otros dos kmtos. más o menos; ella no se cansa y yo, en cambio ya no puedo dar un paso más; entre más rendida voy yo, ella va más tranquila y sosegada caminando más y más. Es entonces cuando decido tomar un taxi para regresarla a casa porque caminando se me hace imposible, casi me arrepiento de haber tomado esta decisión. Cuando pretendo subirla al taxi arma una gritería que el taxista sale corriendo, y así mismo sucede con unos cuatro taxistas más que no nos quieren llevar aquel día. Este show dura como dos horas, la gente pasa y nos miran con compasión, unos por ella y otros por mí de ver el lío tan verraco en el que estoy metida. Hasta que por fin logro convencer a un taxista para que llame a la casa para poder que crea en mí y nos lleve porque le da por decir que yo la quiero matar. De la única manera que puedo convencer a este taxista es contándole la historia de ese día, mostrándole mis pies hinchados y con peladuras de tanto caminar y haciéndolo hablar por teléfono con la patrona, la sobrina de doña Ligia con quien siempre ha vivido. Entonces este ángel vestido de taxista se pone a hablarle con una dulzura muy noble a la señora y logra convencerla de que se suba al taxi porque él sí la va a” llevar a la casa”. Este señor se gana tanto la confianza de mi paciente que cuando llegamos a la casa arma otro lío, ahora porque no se quiere bajar del taxi y de la ira que le da porque la van a bajar, se orina… Qué pena con este señor, a él se le nota la rabia cuando ve el asiento de su carro mojado… Sinceramente yo creo que después de veinte años, todavía debe estar arrepentido de haberme ayudado ese día con doña Ligia; de igual manera que yo todavía se lo estoy agradeciendo. Bendiciones por montones para él donde quiera que se encuentre. No recuerdo haberlo vuelto a ver.
Ella siempre alcanza a hacer alguna diablura, por más pendiente que uno esté de ella. Cuando menos se espera, se encuentran los cubiertos de la mesa en el refrigerador. Hace buches cuando no se quiere tomar algún medicamento y lo bota. Doña Ligia es mi máxima prueba para mantenerme presente y consciente.
En esta casa todos tenemos un momento muy difícil cuando la familia tiene que afrontar una amenaza de secuestro. Al parecer nos tienen identificadas a nosotras dos, a doña Ligia y a mí… entonces ella en medio de su desvarío mental, percibe el problema y se pone muy agresiva; se enoja mucho porque no se puede sacar de la casa y al intentar salir ella sola encuentra la puerta con llave… llora y llora de la frustración hasta que al final se queda dormida.
Con doña Ligia estoy año y medio. Me retiro por un motivo familiar maravilloso. Como mi papá era ya de edad muy avanzada no se puede dejar solo, entonces me voy para mi casa a cuidarlo a él, mi paciente más amado. Con él estoy hasta el 10 de septiembre de 2005 cuando falleció.
