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A través de la historia le entendimos a la Religión que los hechos
narrados en los Libros Sagrados fueron milagros realizados y
realizables tan solo por Seres Superiores a nosotros, Seres
Superiores en dones y talentos, con poderes negados al resto
de los mortales. Seres Superiores que vivieron y desaparecieron
hace miles de años. Si esto es así, entonces para que nos sirve
el ejemplo de su enorme sacrificio? Qué sentido tiene, cuál fue
la razón de ser de su horrenda inmolación? “Todo lo que yo hago,
vosotros también lo podéis hacer” son palabras del Eterno que
animan y soportan nuestra Fe Interior. La Fe Interior comprometida
con su Divinidad individual, es el camino directo a la evolución, la
Fe interior fundamenta la tolerancia, el respeto por todos los
elementos de la creación porque reconoce y acepta en cada uno de
ellos una única Divinidad expresada en diversas formas. La fe
interior es indiscutiblemente el motor que impulsa toda labor. En
el resultado de todo trabajo y toda misión está reflejada la fuerza
de nuestra fe interior.
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A la falta de argumentos materiales (visibles y palpables) para
explicar ciertos fenómenos físicos que escapan a la comprensión
fácil de la mente humana la religión le llama dogma, esto quiere
decir que no se piensa, no se analiza; se cree y ya, es y punto;
no se contradice porque estos prodigios son la manifestación o
expresión espiritual que aún no logramos descifrar para asimilar
e interpretar su reseña ejemplar. Sin embargo es imposible
aniquilar el proceso mental ante tantas y tan hermosas historias
contadas de manera tan romántica; entre otras cosas, porque
el gran mérito de la religión debe ser llevar al Ser Humano a su
crecimiento y desarrollo permanente y para esto es indispensable
el análisis mental, el ejercicio del raciocinio sobre todo aquello que
para él sea importante, incluida su religión. Por tanto cuando la
mente inquieta se quita la mordaza que le impusieron, cuando la
mente se libera de los lazos que la atan, generalmente se pierden
la fe y la religión, llevándose consigo las dos más poderosas
herramientas para la evolución de toda la creación.
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Permanentemente utilizamos o nos apoyamos en la expresión “pedid y
se os dará” para implorar a un Dios externo: empleo, amor, dinero, salud,
etc., a un Dios externo que da o quita a voluntad propia, y único
responsable de nuestras condiciones materiales individuales (y a esto cándidamente es a lo que llamamos fe), desconociendo de paso la
oportunidad que posee cada persona para construir su vida y su mundo.
Evadir esta responsabilidad es renunciar al gran Poder del Libre
Albedrio que el Creador universal tan generosamente nos brinda. La
Religión mal ejercida deja en manos de un Ser externo una determinada
petición o deseo con lo cual desconoce su derecho y su deber para
crearlo y disfrutarlo.
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